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Estadio
Cuti Monge, 5-10-08
Pérez Zeledón supo golpear en los momentos justos
y venció con justicia a un inofensivo equipo celeste
2 x 0.
Dos goles
al comienzo de cada etapa fueron suficientes para sepultar
a la U en el quinto lugar de su tabla, y elevar los generaleños
hasta el segundo lugar del torneo.
De la
Universidad se puede resumir una cosa: El cuadro celeste carece
de poder ofensivo lo que se evidencia en los resultados. Solo
ha marcado un gol en los últimos cinco encuentros,
y un delantero celeste no marca desde haces seis juegos.
Peréz
Zeledón llegó a hacer lo suyo al Cuti Monge,
y apenas a los 9’ minutos su goleador Diego País
se inventó un remate desde una incómoda posición,
venciendo la marca de Pablo Escalante y sorprendiendo a Alfonso
Quesada.
Con la
anotación a favor, el cuadro visitante administró
los hilos del partido, frente a un desordenado e inofensivo
equipo celeste que no logró rematar directo en toda
la primera etapa.
Luego
del malo primer tiempo universitario, las esperanzas de una
remontada en la segunda etapa se difuminaron con otro gol
tempranero del Pérez, esta vez en la cabeza de Juan
Diego Monge al minuto 52’.
Desde
un tiro de esquina, Monge encontró mucho espacio en
el corazón del área, y no perdonó el
segundo gol pesetero.
La inoperancia
ofensiva fue tan evidente que las tres variantes del técnico
celeste Johnny Chaves fueron en el ataque: Steven Calderón,
Ronnio Martins y Vicente Rosella intentaron llevar algo de
peligro a la hasta entonces desconocida área pequeña
generaleña.
Con tres
delanteros puros en el terreno, el cuadro celeste mejoró
sustancialmente su accionar, aunque sin llegar a preocupar
plenamente al marco defendido por Kevin Stewart.
Los guerreros
del sur supieron defender bien su cómoda ventaja de
dos goles, y en ratos sólo se dedicaron a defender
y despejar todo balón cercano al área.
La acción
más clara para la Universidad llegó en la agonía
del encuentro, el minuto 85’, en un cabezazo de Steven
Calderón que pegó en el horizontal.
Ese
fue el último esfuerzo por lograr una milagrosa remontada,
que nunca llegó.
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